Dicen que las segundas partes nunca son buenas, si se filmara una segunda parte de Titanic no tendría el mismo éxito por el simple hecho de que a veces cuando algo se termina, se termina y no tiene gracia seguir; borrón y cuenta nueva se dice. Pero este no es nuestro caso, no se porque, no se como pero vamos por la cuarta parte y lo cierto es que podría seguir contando nuestra historia, aquella de la típica histérica, celosa, mal pensada y enamorada y el comúnmente mujeriego, encarador-encantador y buen amigo, pero más cierto aún es que algunas cosas cambiaron mucho y otras nunca lo van a hacer.
Entonces describamos a ella como desenamorada, decepcionada y sobre todo ¡cansada!, sí, cansada de perdonar, cansada de esperar, cansada. Describamos a él como fiel a su estilo, algunas cosas nunca cambian. Pero para la mala suerte de algunos su relación si cambio, de peleas de telenovela melo-dramática pasaron a peleas rutinarias y frecuentes en las que ella termina en los brazos de sus más fieles amigas por algún que otro obstáculo que llega a interferirlos; de todas formas (de una forma o de otra) lo superan, en realidad lo pasan de largo, y lograron llegar cuatro veces al mismo lugar sin adelantar ningún casillero, parecen estancados...
Ella se cansó de apostar todos los días durante dos años a un caballo que nunca gana nada, se dio cuenta que el juego no es su fuerte y que los vicios no son buenos.